Acto Penitencial junto a Cristo Yacente

El  Viernes de Dolores, en la parroquia de San Lorenzo, desde las 17,30 h de la tarde y hasta las 18,30 h, la Cofradía del Santo Entierro de Valladolid convoca a todos los cofrades , especialmente a los más jóvenes, a participar en un momento de encuentro con Cristo Yacente y su Madre, Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de Valladolid, para ponernos en su presencia y recibir el perdón, para aquellos que lo deseen, a través del sacramento de la Reconciliación.

Como nos dice el papa Francisco «En el sacramento de la Reconciliación podemos siempre comenzar de nuevo». Abramos pues nuestro corazón al Padre de la Misericordia al inicio de nuestra Semana Santa que, un año más, nos servirá para dar testimonio de fe en Cristo, Nuestro Señor.

LIbro «Pasión y Muerte del Señor»

Os presentamos el libro «Pasión y Muerte del Señor», de don Jesús Mateo Fernández, párroco de San Lorenzo. Se trata de una pequeña pero interesante obra, compuesta por varias reflexiones ante las escenas de la Pasión del Señor. Con un estilo sencillo y directo, don Jesús «intenta meternos en la Vida, Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, como un personaje más, tal como aparece en los evangelios».

Don Jesús, que colabora con nuestra Cofradía en todo lo que necesitamos de él y de la parroquia de la que es párroco desde 2002, es autor de otros libros como: «Diez años junto a la Virgen», «El Belén de la Patrona», «Cuaresma y Semana Santa junto a la Patrona» y «El Hijo que pudo elegir Madre».

Crónica del Via Crucis

No somos una cofradía de masas, pero nadie nos podrá acusar de falta de religiosidad. Con sencillez y humildad, con el silencio y con los golpes de tambor, avanza el Santo Cristo flotando –ligero- en los brazos de los malditos. Este breve recorrido de Santa Ana a San Lorenzo es un golpe de fe, como un golpe de mar. Después de un año, el cofrade se pone el capuchón y sale a la calle. Y de repente, cuando baja los escalones de Santa Ana y ese vientecillo entra por los agujeros de los ojos, se da cuenta de que está solo. Solos él y el Señor. Y entonces la cosa cambia, la ciudad no es la misma, el público acumulado en las aceras se percibe lejano. Según va desgajando Guillermo, nuestro consiliario, las estaciones del Via Crucis, por la cabeza del cofrade se encauza la fe de las últimas horas de la Cuaresma. El Via Crucis se le antoja como una síntesis, un toque de atención, una revisión de vida…una revisión debida.

Este Ejercicio del Via Crucis es un acto sin más pretensión que la de acercarse a la parroquia, que es símbolo de la Iglesia misma, en comunidad y en comunión. Y acercarse a la Madre por el Hijo, y al Hijo por la Madre. No sé qué nos pasa a los del Santo Entierro que sentimos a la Patrona como nuestra, de nuestra casa. Será quizás porque vivió varios años en Santa Ana, o porque nos ha acogido en su templo en no pocas ocasiones.

Por eso, aunque echemos en falta a muchos cofrades, aunque no luzcamos todas nuestras banderas y guiones, aunque haga frío y amenace lluvia, aunque sea llenos de humildad y austeridad, con la luz de una vela o de un farol en la mano, y con el corazón puesto en la misericordia del Padre, un año más ha merecido la pena este preludio de la Pasión y de la Pascua.

Fotos: Miguel Ángel Santos (Agencia gráfica Photogenic)