Ejercicio del Via Crucis

Os anunciamos la celebración del Ejercicio del Via Crucis de la Cofradía del Santo Entierro, el próximo viernes (conocido como Viernes de Dolores).

El día 7 de abril a las 20,30 horas la Cofradía del Santo Entierro, inaugurando las procesiones de la Semana Santa de Valladolid, portará a hombros el paso “Cristo Crucificado” (Anónimo, primer cuarto del siglo XVII), desde la Iglesia Conventual del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, hasta la Iglesia Parroquial de San Lorenzo Mártir.

El recorrido será: Plaza de Santa Ana, Calle de San Lorenzo y Pedro Niño, hasta la Iglesia Parroquial de San Lorenzo Mártir, en cuyo interior se celebrará el Ejercicio del Vía Crucis junto a la comunidad parroquial.

Finalizada la XIII estación, y tras el canto de la Salve Popular a Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de Valladolid, la Cofradía partirá con su imagen titular, el Santo Cristo Yacente, portada también a hombros, hasta la Plaza de Santa Ana, donde, a la puerta de la iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, se rezará la XIV estación, dando por finalizada la procesión.

Rezo de la XIV Estación

Desde la Comisión de Cultos y Procesiones de la Cofradía del Santo Entierro se ha preparado un momento especial, meditativo, de recogimiento y oración durante la celebración de la XIV Estación el ejercicio del Via Crucis que tiene lugar en la tarde noche del Viernes de Dolores, el cual requerirá la colaboración del pueblo fiel, reunido entorno a Cristo Yacente.

Una vez finalizado el rezo de la XIII Estación (“Jesús es bajado de la Cruz y puesto en los brazos de su Madre”), se invitará al pueblo fiel a encender una vela, la cual podrán obtener desde horas antes de la procesión en la Iglesia del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana o en la Parroquia de San Lorenzo. Esas velas (única luz que habrá en el templo y en la calle) proyectarán una luz, tenue y humilde, como nuestra condición humana, con el objetivo de iluminar a Cristo en su hora más oscura.

Con esas velas encendidas nos dirigiremos en procesión hasta la plaza de Santa Ana, donde, frente a la Iglesia del Real Monasterio, tendrá lugar el rezo de la XIV Estación (“Jesús es puesto en el Sepulcro”), dando así por finalizado el Rezo del Ejercicio del Via Crucis.

Por eso, desde la Cofradía del Santo Entierro, queremos invitar de todo corazón al pueblo fiel a acompañarnos en el rezo de este piadoso ejercicio, que tendrá como línea de reflexión, a través de sus catorce estaciones el Año de la Misericordia. Nuestra débil luz en la plaza de Santa Ana, iluminando la entrada de Jesús en el Sepulcro, se cambiará en luz radiante e intensa en la mañana de la Resurrección.

Acompaña a tu Dios alma mía

La piedad popular nos ha regalado el ejercicio del Vía Crucis, una forma de orar basada en la contemplación de catorce estaciones que nos ayudan a descubrir los misterios de la Pasión y Muerte de Jesús.

“Acompaña a tu Dios alma mía” es la primera frase de la estrofa de la primera estación del Vía Crucis. Si profundizamos en estas palabras descubrimos en ellas una invitación a que nuestra alma, y con ella todo nuestro ser, medite sobre las escenas que se nos muestran en este ejercicio piadoso, muchas de las cuales se siguen haciendo presentes en la actualidad en acontecimientos que suceden a los hombres y mujeres de hoy.

El Vía Crucis, el camino de la cruz, puede ser una buena ayuda para que vivamos la Cuaresma con verdadero sentido de conversión. Podemos fijarnos en la humildad de Jesús, que acepta la condena a muerte y carga con la cruz, es despojado de sus vestiduras y muere como un malhechor. También podemos fijarnos en tres personajes que podríamos haber sido cualquiera de nosotros: Las mujeres de Jerusalén, el Cirineo y la Verónica.

Las mujeres de Jerusalén sienten lástima de aquel hombre justo, que dentro de su sufrimiento les ofrece el consuelo que sólo puede dar aquel que piensa más en los demás que en sí mismo “No lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos”

El Cirineo, Simón de Cirene, era un labrador al que alquilaron u obligaron a ayudar a Jesús a llevar la cruz. Sin duda es la imagen de aquellos que se encuentran situaciones en la vida en las que hay que arrimar el hombro, y lo que comienza como una obligación puede convertirse en un regalo. Seguro que el Cirineo encontró en Jesús una mirada limpia llena de agradecimiento.

La Verónica es el reflejo de aquellas mujeres que siempre se han mostrado dispuestas a mancharse por intentar aliviar el dolor de los demás. Según cuenta la tradición la imagen del rostro de Cristo quedó grabada en un pañuelo de la Verónica, seguro que esa imagen también quedó grabada para siempre en su mente y en su corazón.

Que esta Cuaresma sea el momento para que nuestra alma acompañe a su Dios que sigue sufriendo en cada ser humano condenado sin razón. Que aprendamos a llorar con los que lloran, a ayudar a los que lo necesitan y a estar siempre dispuestos a limpiar el rostro de cualquier ser humano, donde también se descubre el Rostro de Dios.

Israel Muñoz

Crónica del Via Crucis

No somos una cofradía de masas, pero nadie nos podrá acusar de falta de religiosidad. Con sencillez y humildad, con el silencio y con los golpes de tambor, avanza el Santo Cristo flotando –ligero- en los brazos de los malditos. Este breve recorrido de Santa Ana a San Lorenzo es un golpe de fe, como un golpe de mar. Después de un año, el cofrade se pone el capuchón y sale a la calle. Y de repente, cuando baja los escalones de Santa Ana y ese vientecillo entra por los agujeros de los ojos, se da cuenta de que está solo. Solos él y el Señor. Y entonces la cosa cambia, la ciudad no es la misma, el público acumulado en las aceras se percibe lejano. Según va desgajando Guillermo, nuestro consiliario, las estaciones del Via Crucis, por la cabeza del cofrade se encauza la fe de las últimas horas de la Cuaresma. El Via Crucis se le antoja como una síntesis, un toque de atención, una revisión de vida…una revisión debida.

Este Ejercicio del Via Crucis es un acto sin más pretensión que la de acercarse a la parroquia, que es símbolo de la Iglesia misma, en comunidad y en comunión. Y acercarse a la Madre por el Hijo, y al Hijo por la Madre. No sé qué nos pasa a los del Santo Entierro que sentimos a la Patrona como nuestra, de nuestra casa. Será quizás porque vivió varios años en Santa Ana, o porque nos ha acogido en su templo en no pocas ocasiones.

Por eso, aunque echemos en falta a muchos cofrades, aunque no luzcamos todas nuestras banderas y guiones, aunque haga frío y amenace lluvia, aunque sea llenos de humildad y austeridad, con la luz de una vela o de un farol en la mano, y con el corazón puesto en la misericordia del Padre, un año más ha merecido la pena este preludio de la Pasión y de la Pascua.

Fotos: Miguel Ángel Santos (Agencia gráfica Photogenic)