El Yacente más genial de Gregorio Fernández

Cristo yaciendo después de su Pasión. Es un tema muy tratado en nuestro país desde los años más estudiados de la cultura medieval. Pero, sin duda, si hay un escultor que profundizó en la imagen de un Salvador desamparado y muerto ese fue, sin duda, Gregorio Fernández que, no solo mejoró la obra de Gaspar Becerra, sino que firmó un importante número de Yacentes, a cual mejor… y extendió entre sus alumnos el amor y el cariño por ese Jesús en brazos de la muerte que, en tal trance, nos confirma que su obra redentora se cumplió plenamente.

¿Dónde se comprueba la más alta inspiración del artista?… Es difícil señalarlo. Gregorio Fernández esculpió el Yacente que el Duque de Lerma le encargó para la iglesia de San Pablo. Una figura de grandes proporciones esbelta y noble según las críticas de arte. Pero también dio vida, en la muerte, al Yacente que se conserva en el Museo Nacional de Escultura y que le pidió la Casa Profesa de la Compañía de Jesús. Una talla admirable. El que se puede admirar en la iglesia de San Miguel y San Julián que añade la curiosidad de poder contemplar el velo del paladar a través de la boca entreabierta.

Valladolid además cuenta con otros tres Yacentes considerados como autoría de Fernández: el del convento de Santa Catalina que es poco conocido; el del convento de Santa Isabel de Hungría, tampoco demasiado visitado y otro, de tamaño algo inferior al natural, fechado hacia 1627 y que fue encargado para el altar de una de las capillas laterales de la iglesia de San Pablo.

Yacentes que salieron de los talleres del Gregorio Fernández pero que se deben a sus alumnos y ayudantes son el de la Catedral de Segovia, el que se guarda en el convento de Santa Clara en Lerma, el de Medina de Pomar en la provincia de Burgos, el que se encuentra en el convento de los Capuchinos de El Pardo, el de las franciscanas descalzas en Monforte de Lemos (Lugo) o el de la Catedral de Astorga, en León.

El Cristo Yacente, al que rinde culto nuestra cofradía del Santo Entierro, obedece a un encargo del rey Felipe IV para, a su vez, regalárselo a las monjas del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, de Valladolid, en cuyo Museo se encuentra todavía expuesto a la vista de quienes se sienten atraídos por una imagen tan perfecta. Es, en mi personal gusto, el mejor de todos los que, de una manera o de otra, se le atribuyen al genial escultor. Y como mi conocimiento de la escultura no va más allá de las emociones que su contemplación me producen, prefiero en este caso dar la palabra a quienes lo han estudiado a fondo. Dicen de él que “la figura de Cristo es sobria y desprende un hondo patetismo” y yo puedo añadir que es la talla de un Dios que no deja de serlo ni en la muerte.

La talla que sale del Monasterio para cruzar las calles de la ciudad durante la Semana de Pasión, regresa a su lugar en el Museo movido por una procesión que cubre la petición de la Iglesia de permanecer en tal fecha junto al Sepulcro. El pasado año, Jorge Mongil os escribió que “sois depositarios de la tradición que movieron aquellos primeros cristianos” refiriéndose a quienes, con José de Arimatea a la cabeza, desclavaron a Jesús de la Cruz y le enterraron posteriormente. Pues bien, vuestro acto-procesión es sin duda la mejor forma de permanecer, en el sepulcro, junto a un Cristo nunca tan grande como lo fue una vez muerto.

Impresionado por ese acto procesional de vuestra cofradía, para el libro “Eli, Eli… Guía Lírica de la Semana Santa de Valladolid”, redacté este poema que me atrevo a repetiros para honra del Cristo que regresa a su casa de todo el año y para vosotros que, como nuevos “arimateas”, le trasladáis procesionalmente hasta ese Museo-Sepulcro-Santuario que cuidan y vigilan las monjas del Real Monasterio. Dice así el poema:

El cuerpo está aún caliente, 
los labios a medio abrir, 
a medio cerrar los ojos, 
todo el pecho de marfil 
y en la llaga del costado 
un manantial carmesí… 
Como recién descendido 
o acabado de esculpir; 
como un árbol cincelado 
con aromas de jazmín, 
el Santo Cristo Yacente 
acostado de perfil 
va de Santa Ana al Museo, 
blanco sueño de alhelí, 
a hombros de sus cofrades, 
bajo la luz de un candil… 
Al frente vuela un querube, 
le acompaña un serafín 
y sólo suena el redoble 
desigual del tamboril… 
Jesús marcha a su sepulcro 
en andas de un palanquín 
y le lloran los luceros 
y le llora el añafil, 
le llora toda la plaza, 
le llora Valladolid 
y, en el alar de un tejado, 
también llora un colibrí… 
Jesús marcha a su sepulcro, 
se queda en su camarín 
y allí estará doce meses 
hasta que vuelva a morir… 
Se han apagado los cirios, 
la noche se ha vuelto gris, 
las azucenas se han muerto, 
se ha secado la raíz 
del espino que dio espinas 
al azotar su cerviz 
y en la huerta del convento 
floreció el toronjil… 

Ángel M. de Pablos

Más fotos del triduo

Os dejamos algunas fotos del tercer día del triduo, con algunos momentos de la Eucaristía y de la imposición de medallas a los nuevos cofrades. También podemos ver a algunos miembros de la Junta de Gobierno con las nuevas capas, que se han confeccionado al estilo de las ya existentes hace algunas décadas.

Se inicia el Triduo

Hoy ha comenzado el Triduo en honor del Santo Cristo Yacente, y ha tenido lugar la petición de la Sagrada Imagen a la comunidad de religiosas cistercienses y posterior traslado de la clausura a la iglesia. Aquí os dejamos algunas fotos.

Nueva capilla del Santo Cristo Yacente

Después de muchos trámites y vicisitudes, por fin ha quedado instalada la nueva capilla del Santo Cristo Yacente. Está situada en la parte izquierda a la entrada de la iglesia de Santa Ana. La capilla está presidida por nuestro titular, el Santo Cristo Yacente, acompañado por la Virgen de la Soledad de Pedro de Mena. Completan la decoración algunas de nuestras insignias, cruz alzada y ciriales.

Esperamos que sea un lugar de recogimiento y oración para todos los cofrades y devotos.

El Via Crucis en El Norte

“El Vía Crucis del Santo Entierro abre este viernes las procesiones de Valladolid
Partirá a las 20:30 horas del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana
El Vía Crucis del Santo Entierro abrirá mañana, Viernes de Dolores, los desfiles procesionales que durante los próximos diez días se sucederán por las calles de Valladolid para rememorar la pasión y muerte de Cristo.
La Cofradía del Santo Entierro alumbrará su paso titular ‘Cristo Yacente’, del imaginero castellano Gregorio Fernández, que partirá a las 20.30 horas del Monasterio de San Joaquín y Santa Ana.
Este paso recorrerá las calles San Lorenzo y Pedro Niño hasta la iglesia de San Lorenzo, donde se celebrará el ejercicio del Vía Crucis, que concluirá con una oración al Cristo Yacente y el canto de la Salve popular a Nuestra Señora de San Lorenzo, patrona de la ciudad. Tras ello, el Cristo volverá sobre sus pasos hasta el punto de partida.
Esta talla, de gran dramatismo ya que es un cuerpo desnudo, salvado por su paño de pureza, maltratado, con la cabeza con llagas y con la marca de la corona de espina y con la sangre brotando de las marcas de los clavos, inicialmente no tuvo un uso procesional, pues formó parte del altar de la sala Capitular del Monasterio”.