Oración a Cristo Yacente

Señor Jesucristo, al ser puesto en el sepulcro has hecho tuya la muerte del
grano de trigo, te has hecho el grano de trigo que muere y produce fruto con el
paso del tiempo hasta la eternidad.

Desde el sepulcro iluminas para siempre la promesa del grano de trigo del
que procede el verdadero maná, el pan de vida en el cual te ofreces a ti mismo.
La Palabra eterna, a través de la encarnación y la muerte, se ha hecho Palabra
cercana; te pones en nuestras manos y entras en nuestros corazones para que tu
Palabra crezca en nosotros y produzca fruto.

Te das a ti mismo a través de la muerte del grano de trigo, para que también
nosotros tengamos el valor de perder nuestra vida para encontrarla; a fin de
que también nosotros confiemos en la promesa del grano de trigo. Ayúdanos a
amar cada vez más tu misterio eucarístico y a venerarlo, a vivir verdaderamente
de ti, Pan del cielo.

Auxílianos para que seamos tu perfume y hagamos visible la huella de tu vida
en este mundo. Como el grano de trigo crece de la tierra como retoño y espiga,
tampoco tú podías permanecer en el sepulcro: el sepulcro está vacío porque él
–el Padre– no te «entregó a la muerte, ni tu carne conoció la corrupción»  Tú no has conocido la corrupción. Has
resucitado y has abierto el corazón de Dios a la carne transformada. Haz que
podamos alegrarnos de esta esperanza y llevarla gozosamente al mundo, para ser
de este modo testigos de tu resurrección.

 (San Juan Pablo II)

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