Carta del Presidente

Queridos Cofrades, queridos amigos:

Una vez más tengo la oportunidad de dirigirme a vosotros como presidente de nuestra querida Cofradía del Santo Entierro. Asumo esta última legislatura con ilusión y responsabilidad.

Durante estos últimos 8 años hemos trabajado buscando, por un lado, la continuidad del buen trabajo realizado por nuestros predecesores, y por otro uniendo nuestras inquietudes y proyectos al presente y futuro de la Cofradía. La búsqueda de sentido a todos nuestros cultos y salidas procesionales ha dado su fruto con la consolidación de momentos específicos, tales como el rezo de la última estación del Via Crucis del Viernes de Dolores en la Plaza de Santa Ana y ese “iluminar a Cristo con nuestra luz”, el acto eucarístico en la Plaza del Salvador de la Procesión del Verum Corpus, el Epitaphion tras la Procesión de la Sagrada Pasión del Redentor y todo el conjunto de la Procesión del Santo Entierro en la tarde del Sábado Santo, siempre todos ellos bajo la supervisión y aprobación de nuestras autoridades eclesiásticas.

Para estos próximos cuatro años pretendemos afianzar ciertos aspectos que, si bien no estaban en el olvido, sí que habían pasado durante estos años a un estado latente de programación y estudio.

Uno de ellos es cuidar nuestra cantera, los pequeños cofrades. Desde la Comisión de Infancia se esfuerzan en consolidar actividades, para que los cofrades pertenecientes a esta sección tengan su papel en la Cofradía. Desde el encuentro navideño hasta la jornada matinal en la mañana del Jueves Santo, se trata de dar a conocer a los más pequeños otros aspectos del mundo de la Semana Santa, haciendo especial hincapié en su preparación catequética como cofrades.

A este efecto la creación del banco de hábitos para su alquiler fomenta la participación activa dentro de nuestras procesiones. La implantación de cuotas familiares sin duda ayudará a potenciar nuestra cantera. Pero su permanencia en la Cofradía es cosa de todos.

Otro de los factores a tener en cuenta, y que merece su atención aparte, es la obra social de la cofradía. Es evidente que nuestro potencial no es equiparable al de grandes asociaciones, pero si podemos aspirar a dar pequeños pasos dentro del camino de la solidaridad. Y esa será la forma de enganchar a ese cofrade que ya no es un niño y que le pide algo más a su Cofradía. Esta directiva está en pleno proceso de estudio para poder ofrecer a ese cofrade infantil-juvenil una actividad que le haga vivir la cofradía bajo el espíritu de caridad sobre el que se constituyeron las primeras hermandades, recuperando esa idea de obra social más allá de una aportación económica anual. Las posibilidades son muchas. Hemos de encontrar la actividad que responda más a nuestra realidad logística.

Y no podemos olvidarnos de la Madre, nuestra Virgen del Capítulo, que como bien nos dice Guillermo Camino, también es la Yacente de la Pasión de Jesús. Esa imagen dolorosa que acompaña a Cristo Yacente en el interior de su templo, apostada en un altar lateral, vigilando nuestro libro de difuntos, merece tener su papel fuera de él, fomentado su devoción y aumentando su culto tanto dentro de la Cofradía como fuera de ella. Tras la muerte de Cristo es ella la que espera, junto con todos nosotros, a la resurrección prometida de su hijo, y ese papel empieza en la noche del viernes santo, tras la colocación del sudario sobre su hijo. Es ella la que aguarda el Sábado Santo bajo el manto negro de su dolor, con el rostro enjugado en las transparentes gotas de la de la incomprensión…a veces, pero de la esperanza constante…siempre.

Que sea Ella nuestro motor en el día a día, y su ejemplo de fortaleza y fidelidad el pilar de nuestra fe.

Jesús González Expósito, Presidente

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