El Santo Entierro de Juan de Juni

por Mónica Calderón Acedo.

Cuando cae la tarde de Viernes Santo, no hay nada como dejarse arrastrar por la fuerza de un torbellino. Es el Santo Entierro de Juan de Juni, obra cumbre del siglo XVI español que sigue contándonos, antaño como hogaño, una historia de dolor, de muerte, de vida y de arte.

Hoy se expone, con mimo y celo exquisitos, en el Museo Nacional de Escultura de Valladolid, sin embargo, se labró para el sepulcro de uno de los hombres más brillantes, eruditos y contradictorios de la corte de Carlos V, el obispo de Mondoñedo Fray Antonio de Guevara, aquel consumado cortesano que, viviendo en la corte, no dudó en escribir una joya como «Menosprecio de corte y alabanza de aldea» (1539). El lugar elegido para su enterramiento fue el convento de San Francisco de Valladolid, cerca del claustro. Bajo la venera de la capilla, dos soldados romanos montaban guardia perpetua entre las columnas del retablo que lo acogía al modo en que vemos hoy el relieve de idéntico tema en la Catedral de Segovia. Hoy no quedan romanos, ni retablo ni tan siquiera el convento franciscano.

Guevara no escogía un tema al azar sino aquel que narra la muerte cristiana y la consiguiente esperanza en la resurrección: la muerte de Cristo. Y es que este franciscano escribía estos mismos años su última obra, clave para entender el grupo de Juni: Monte Calvario (1542). Leer esta obra es escuchar la narración del drama al que asistimos, la descripción de cada paso, cada acción, cada gesto del grupo de Juni. Escuchamos a Juan, intentando separar a María del cuerpo de su Hijo, diciendo:

Mirad pues señora tía que el sol es ya puesto, el día se acaba, la noche ya carga, la oscuridad se apresura, la hora completoria es llegada y aun el cuerpo está por llevar a la sepultura. El agua está aquí para lavarle, los ungüentos están aquí para ungirle, las vendas están traídas para atarle, la mortaja para envolverle: no resta sino que vuestros ojos cesen de sobre él llorar para que nosotros comencemos luego a le ungir”.

José de Arimatea y Nicodemo, María Magdalena y María Cleofás limpian y ungen el cuerpo lacerado con paños y frascos llenos de mirra y áloe en una suerte de tierno espanto:

… comienzan a mirar las llagas que habían de untar y destapaban los ungüentos, con que le habían de ungir. Como de tan cerca vieron las ronchas de los azotes, la rotura de los clavos, los cardenales de las puñadas, la hinchazón de las venas, la encarnadura de las espinas, la fealdad de las llagas, y lo magullado de aquellas carnes santísimas: tornados como atónitos comenzaron a hacer nuevos llantos.




Juni transforma esas palabras en un arrebatado conjunto donde establece un juego de simetrías tanto en el número como disposición de los personajes vivos y en las figuras femeninas de María Magdalena y María Cleofás cuyos cuerpos inclinados enmarcan la Compassio Mariae, centro compositivo y emocional de todo el grupo.

Recurre también Juni a la oposición de contrarios, de direcciones y fuerzas contrarias. Juan se opone a la fuerza con que María se acerca a su hijo; la juventud de la Magdalena contrasta con el rostro envejecido de Cleofás; Nicodemo y José de Arimatea giran en sentido opuesto.

El dolor que retuerce las figuras contrasta con la horizontalidad de Cristo. Sus pesados y retorcidos ropajes, que nos hablan del dolor del alma en un violento movimiento de dentro afuera, evidencian aún más la desnudez y la vulnerabilidad de Jesús. Y el gran centro, el alma de este grupo: la mano viva y tensa de la Virgen ante la mano muerta del Hijo.

El cuerpo del crucificado permanece ajeno a este huracán de emociones no contenidas, elevado sobre un sarcófago clásico y mostrando claramente al fiel sus llagas, pues no en vano Fray Antonio de Guevara era franciscano.  Sobre el frontal, una cartela con las palabras con las que el pueblo de Hebrón ofreció una tumba a Abraham para enterrar a Sara: NOS IN ELECTIS SEPVL / CHRIS NOSTRIS SEPELI / MORTVVM TVVM (“en el mejor de nuestros sepulcros, entierra a tu muerto”).

La disposición de las figuras describe además un círculo inconcluso que sólo quedará completo cuando tú, espectador, te pongas enfrente. Y ¿quién te invita? ¿quién te interpela mostrándote acusador la espina que acaba de sacarle de la frente mientras con la otra mano sujeta reverentemente la cabeza de Cristo? José de Arimatea.

Quedan resonando las palabras de Fray Antonio de Guevara:

Pusiéronse en torno del todos y todos los de aquel triste colegio como un enjambre de abejas desmelenado; diciendo a sus lenguas las mil lástimas y llorando de sus ojos lágrimas vivas. Qué no dijeron, qué no lloraron, qué no sintieron, y qué no plañieron cuando a su Maestro y Señor tan despedazado vieron. Qué ojos les pudo bastar para verlo ni qué lengua para encarecerlo, ver el cuerpo de aquel difunto tan maltratado y ver tan cruel carnicería de su Dios haberse hecho. Si miraban la cara estaba escupida, si miraban los cabellos estaban remesados, si miraban las espaldas estaban abiertas, si miraban las manos estaban rotas, si miran el cuerpo estaba desollado y si miraban el costado estaba alanzado.

Vida y muerte, fuerza y laxitud, dolor contenido y dolor desatado. Juan de Juni y Fray Antonio de Guevara. No se vuelve igual después de estar delante de esta joya.

Carta del Presidente

Queridos Cofrades, queridos amigos

Ha pasado esta Semana Santa y ha pasado esta en concreto…

Todos tenemos recuerdos de nuestras Semanas Santas, más o menos claros o cercanos. Si nos paramos unos segundos a pensar nos vienen muchas imágenes a la cabeza…

Quiero dirigirme a ti, cofrade del Santo Entierro, ahora que te has parado a pensar en tus experiencias viviendo los días de nuestra Semana Santa vallisoletana. Seguro que te han aflorado muchas sensaciones. Sigue recordando… Concédete unos minutos…

Tal vez fuiste con la Cofradía a Hervás, a Sevilla o a Simancas durante la Semana Santa, incluso a San Pedro de Cardeña para celebrar el día del Corpus.

Tal vez viviste un traslado del Cristo Yacente la mañana del Domingo de Resurrección, junto con los hermanos del Resucitado, o ya el Sábado Santo por la tarde, junto con la banda del Descendimiento. Incluso puede que escuchases a la banda de cornetas y tambores de la Cruz Roja acompañando a nuestro titular camino de la parroquia de San Pío X, en el barrio de Girón.

Recuerdos…Imágenes… Ahí siguen y seguirán todo el tiempo que tu memoria lo permita.
Esta cuaresma no has podido celebrar el Triduo en honor a nuestro titular, ni has ensayado con tus hermanos comisarios, y tampoco has podido visitar a la comunidad de San Joaquín y Santa Ana. Pero esta cuaresma no la vas a olvidar.

Tampoco has podido ver los días previos a la Semana Santa nuestra plaza adornada con esa Cruz dorada flordelisada, escudo de nuestra Cofradía. Ni te has sentado en las gradas de la Plaza Mayor de Valladolid para leer el programa de Semana Santa, comiendo unas pipas tal vez. Pero esos días no se te van a olvidar.

Esta Semana Santa no has esperado en la plaza, con el habito mejor o peor doblado, esperando que se abrieran las puertas de la Iglesia para poder revestirte. Tampoco has podido prepararte en casa con la mantilla, la negra o la blanca, según el día..No has podido Cristo Yacente, cuerpo verdadero, a la Catedral o durante su Santo Entierro vespertino el Sábado Santo. Pero esta Semana Santa, que ya ha llegado a su fin, tampoco la vas a olvidar…

En muchas ocasiones, queridos cofrades, hemos oído hablar del mal que las redes sociales, los medios informáticos o el progreso en la comunicación estaba haciendo a las relaciones sociales. Gracias a estos medios nos acercamos más que nunca, a la vez que nos distanciamos al no sentir la mirada de unos ojos mientras hablamos, o el calor de unos brazos durante un abrazo, o la intensidad en un apretón de manos, o un beso…

Todos estos gestos se sustituyen en ocasiones por una imagen más menos graciosa, más o menos sincera.

Pero esta (aparente) deshumanización se está viendo cuestionada durante estos terribles momentos que nos está tocando vivir como sociedad, ya que hemos conseguido humanizar ese progreso, esa revolución en las comunicaciones , esa tecnología que tenemos a nuestro alcance y que sin ella, tal vez no nos reconoceríamos en el momento que saliéramos a la calle, ya que es nos conecta más que nunca con nuestros abuelos, padres, hermanos, familiares y amigos.

Esta Semana Santa hemos conseguido acercarnos los unos a los otros, gracias en gran medida a vuestra respuesta participando en cada una de las iniciativas que, desde la Junta de Gobierno, os hemos propuesto. Hemos compartiendo imágenes y pensamientos a través de todos los medios que teníamos a nuestro alcance. Hemos acompañado al Cristo Yacente el Jueves Santo y el Sábado Santo. Tal vez no hayamos salido a la calle, pero hemos procesionado más unidos que nunca.

Todo esto terminará, si Dios quiere más pronto que tarde. Y volveremos a salir a la calle…pero nada es lo mismo. La sociedad va a cambiar porque las personas que formamos parte de ella hemos cambiado, y ojalá ese cambio sea para siempre.

Hemos resucitado a una nueva forma de pesar en nuestro día a día. Es posible que ya no nos comportemos igual en nuestro trabajo, en nuestra familia, con nuestra pareja o con nuestros amigos.

Y como cofrades, también hemos resucitado a una nueva forma de vivir la Semana Santa desde nuestra intimidad  y nuestro silencio…y lo hemos compartido más que nunca como hermanos, como cofrades, gracias a la humanización de las nuevas formas de comunicación, que ha conseguido sustituir, al menos durante un tiempo, el postureo y los reflejos que nos ciegan, las apariencias y verdades a medias que nos confunden, por imágenes y palabras sinceras de amor y de cariño.

Todo va a salir bien porque todo a ha cambiado.

Os deseo a todos de corazón una Feliz Pascua de Resurrección.

Jesús González Expósito.
Presidente.

Procesión del Santo Entierro de Cristo 2020

Procesión del Santo Entierro de Cristo, de la Cofradía del Santo Entierro de Valladolid.
En ella la Cofradía procesiona con su talla titular, el Santo Cristo Yacente, obra de Gregorio Fernández (1634), en la tarde del Sábado Santo.
Este año contamos con D. Ángel Cuaresma Renedo, como invitado de Honor, quien realiza una bellísima meditación en torno a Cristo Yacente.
La reflexión pastoral corre a cargo de nuestro consiliario Guillermo Camino Beazcua, quien ahonda en el sentido de esta Procesión.
Los cofrades que así lo desearon participaron de la procesión enviando su palabras de oración, de reflexión, de ánimo, o simplemente sus inquietudes ante esta terrible situación. Todas sus palabras acompañan el paso del Yacente por las calles aledañas a la Plaza de Santa Ana, en la que se ubica su sede canónica, en la iglesia conventual del Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana.

Acopañan las imagenes, tanto fotográficas como de video, de Nuria Mongil, Alberto V. Jimenez, Jesus Angel Gonzalez (Blog Vallisoletvm), Juan Pascual (Tribuna Valladolid), Agencia EFE, musica de la Comunidad de Taizé y del compositor John Debney, además del tradicional Misere Mei Deus, de G. Allegri, que tradicionalmente protagoniza la salida a la calle del Santo Cristo Yacente, en la tarde del Sábado Santo.