Sede

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La cofradía del Santo Entierro tiene ubicada su sede en el Real Monasterio de San Joaquín y Santa Ana, de Valladolid, cuya clausura alberga el Cristo Yacente de Gregorio Fernández que es la imagen titular de la cofradía.

La construcción del actual Monasterio tuvo lugar a finales del s.XVIII, de 1781 a 1787, reemplazando al anterior que se encontraba en muy malas condiciones de conservación. La obra fue proyectada en estilo neoclásico por Francisco Sabatini, quien la dirigió desde Madrid junto con el aparajador de Palacio, José de la Ballina. En la fachada principal figura el escudo de armas de Carlos III, lo que deja patente el patrocinio real. El proyecto, sencillo y elegante, preserva la intimidad de la clausura a la vez que permite el culto público en la iglesia.

Sede de la cofradía Portando el Cristo

La iglesia tiene planta elíptica, cubierta con cúpula. Llama la atención su unidad espacial y decorativa, así como la iluminación natural obtenida a través de los seis óculos de la cúpula. A la derecha del presbiterio, y separado del mismo a través de unas rejas, se sitúa el coro, que forma parte de la clausura.

Dentro del proyecto de Sabatini debemos destacar la decoración interior, que incluye seis retablos laterales y el retablo mayor, elaborados en madera policromada imitando mármol blanco y jaspes ocres, verdosos y rojizos, según el estilo neoclásico definido entonces por la Real Academia de las Bellas Artes de San Fernando.

Interior de la sede

Interior de la Iglesia de nuestra Sede

El retablo mayor alberga en su centro una talla de la época, que representa a San Joaquín y Santa Ana con la Virgen niña, realizada en madera policromada enteramente dorada, salvo las carnaciones, y policromada con ricos colores. Los retablos laterales transmiten la concepción de simetría que determina el estilo neoclásico, e incluyen referencias al Evangelio en un lado, con el pelícano alimentando a sus crías, y a la Epístola en el otro, con el cordero místico.

Los retablos enmarcan y otorgan distinción a varios cuadros que son sin duda lo más reconocido en la actualidad. Se trata de los seis lienzos que Francisco de Goya y Ramón Bayeu pintaron con tanto primor. Todos ellos datan del año 1787, según queda constancia en diversas cartas y escritos de la época.

Los tres lienzos pertenecientes al lado del Evangelio fueron realizados por Ramón Bayou, buen pintor de la época, cuñado de Goya, y eclipsado por éste. Bayou nos muestra una visión más académica, con escenas idealizadas y místicas, repletas de ángeles y nubes, un concepto muy barroco en comparación con el realismo de las composiciones de Goya. Sus cuadros representan a San Benito Abad, a la Virgen acompañada de san Francisco y san Antonio de Padua y por último a Santa Escolástica, figura esencial en el monacato femenino, hermana de san Benito y fundadora del primer monasterio benedictino femenino.

En frente de estas obras, en el lado de la Epístola, se sitúan los tres maravillosos lienzos creación de Francisco de Goya y Lucientes en 1787. El realismo de las escenas y el dominio de la luz del autor quedan reflejados en estas obras. El más conocido de estos cuadros es El tránsito de San José, ubicado en el centro, pues se ha llegado a decir que en él Goya se autorretrata y representa la muerte de su padre. A un lado se muestra a Santa Ludgarda, monja cisterciense del s. XII que dedicó su vida a la oración, muy popular por sus hechos milagrosos. Goya la representa sobre rosas y azucenas que simbolizan su pureza. El tercer lienzo nos muestra a San Bernardo, abad cisterciense y verdadero impulsor de la orden.

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Lienzos de Ramón Bayou y Goya

 

REFERENCIA: “Historia de la cofradía del Santo Entierro. Sede y pasos”, de Andrés Álvarez Vicente y Fernando Martín Pérez. Año 2010.

FOTOGRAFÍAS: José María Pérez Concellón y Pedro J. Muñoz Rojo.